Poemas viejos


Olvidemos los poemas viejos.
qué lejanía me nace sin querer, 
cuando los leo.
Antiguos poemas que se han ido 
lentamente,
capitanes de un tiempo fatigoso, 
marcas en el camino.

Qué lánguida se pone la tarde,
sin querer, cuando los leo,
con su fiebre llena de mediodía,
que el agua de las horas arrastró al olvido
y hoy regresan como una marea.

Aljibe de sueños, cielo de palomas,
asombro de aquel primer motivo,
escritos en páginas robadas a la aurora,
hoy son ceniza que alimenta la tierra
junto al fuego sonoro que ilumina 
palabras nuevas.

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