Mi ropero


Estoy lejos
recuerdo a mi ropero
abro sus puertas y lo veo 
la ropa allí colgada 
atavíos, perfiles alineados, 
limpios, recién planchados.

¿Acaso sigo siendo yo quien soy 
sin esa ropa? 
me pregunto y con el pensamiento 
me deslizo entre telas.
La ropa nada sabe, nada espera, 
es su aire el que me evoca 
hilos tejidos que vienen y me tocan.

Allí los dejé sin que pudieran
comprender porque no bajaron 
conmigo la escalera, 
a mezclar sus colores con las flores
de aquella primavera.

Camisa azul a rayas, detenida 
flameando como una bandera, 
a un lado el pantalón y sus costuras: 
botón, ojal, pretina y cremallera. 

Allí están, lejanos, silenciosos, 
soy yo el que los recuerda 
mientras pacientemente espero 
que termine febrero. 

¡Volveremos a encontrarnos, 
ropero, llenaremos los huecos 
que en el ajuar quedaron.
Nos asomaremos a saludar
cada prenda colgada, 
hoy aparentemente abandonada. 
No sé si me comprendas, 
es mucho para mí, aunque parezca nada.