Mi ropero
Estoy lejos recuerdo a mi ropero abro sus puertas y lo veo la ropa allí colgada atavíos, perfiles alineados, limpios, recién planchados. ¿Acaso sigo siendo yo quien soy sin esa ropa? me pregunto y con el pensamiento me deslizo entre telas. La ropa nada sabe, nada espera, es su aire el que me evoca hilos tejidos que vienen y me tocan. Allí los dejé sin que pudieran comprender porque no bajaron conmigo la escalera, a mezclar sus colores con las flores de aquella primavera. Camisa azul a rayas, detenida flameando como una bandera, a un lado el pantalón y sus costuras: botón, ojal, pretina y cremallera. Allí están, lejanos, silenciosos, soy yo el que los recuerda mientras pacientemente espero que termine febrero. ¡Volveremos a encontrarnos, ropero, llenaremos los huecos que en el ajuar quedaron. Nos asomaremos a saludar cada prenda colgada, hoy aparentemente abandonada. No sé si me comprendas, es mucho para mí, aunque parezca nada.